Me dejaron una toalla doblada en una bolsa y un paquete de mantequilla que luego olvidé meter en el frigorífico. Los ojos tiznados, las manos más frías aún de lo normal y el corazón cálido al menos con fuerza para mantenerse así durante otro cuarto de siglo, que es justamente el tiempo que parecía que había pasado sin verlos.
Pocas cosas quedan ya en esta vida que me sorprendan. Y se que al decir eso parece que tengo el alma vieja y la mente en sitios oscuros, pero no por ello es menos verdad. Y aún así, y gracias a Dios, Alá o cualquiera de las creencias que hiciese este fin de semana posible, ellos lo consiguieron.
El mp3 era mi compañero mientras bajaba por Bishop rise hacia la parada del bus donde iba a recoger a mis huéspedes, y las lágrimas la banda sonora que dio sentido a mi vuelta tras dejar a los huéspedes, mis queridos zapatos de tacón negro, el señor ¿dónde están las llaves? y la señorita "tragicomedia en las Barbies" de nuevo en aquella fría parada de autobús que a partir de hoy llamaré hogar, porque sin duda alguna me ha regalado uno de los momentos más felices de los 3 meses que llevo aquí.
Si alguno de ustedes se pregunta a qué sabe la felicidad, yo podría definirla con pocas palabras:
Sabes a lágrimas de reencuentro, de alegría. y de pena al marchar. Sabe a recordar un perfume conocido, a abrazar unos brazos que hasta hacía minutos habían estado a 10.000 km de distancia pero sobre todo sabe a latidos del corazón queriendo escapar del pecho. Y a componer sonrisas idiotas antes de dormir.
Eso para mi es la felicidad.
Gracias por estos dos días de dolor de pies, de traducciones espontáneas e intentos de hacer hablar español a los ingleses. Gracias por llenar mi vida en inglaterra de un poquito de color jazmín de Sevilla en unas maletas que no podían exceder de 10kg, y sobre todo GRACIAS por darme la mejor sorpresa de mi vida.
Yours faithfully.
Gema
Pd: Mamá te quiero
Ppd: Papá te quiero.
Ppd: Titas os quiero
Pppd: Tito te quiero.
Pppppd: Prima te quiero.